El tren.
En mi vida el tren está presente desde que puedo recordar.
Mamá era de Tardienta. Parte de la familia de allí estaba relacionada con ese medio. Dos hermanos, el cuñado y un primo eran ferroviarios.
De niña, muchos parientes de su pueblo pasaban por casa. Casi a diario. No había teléfono, pero llegaban noticias frescas.
Tenían, entonces, muy buena comunicación. Posteriormente se redujo tanto, que una vez tuvimos que ir con coche de línea, autocar, y volver en taxi, para hacer una visita en él día, mamá y yo.
Siendo niña, la abuela se dejaba caer unos días. Hacía la ronda para pasarlo con unos y otros.
Estábamos en Huesca. Los otros en Grañén, Lérida y Barcelona. Ella disponía de un quilométrico que recibían los familiares directos.
Mi tío de Tardienta, el marido de la hermana pequeña de mamá, iba a menudo a Zaragoza, al economato, a comprar. De allí nos traían unas latas de mermelada de melocotón, para mi hermano y para mí. Aún me gusta ese sabor.
Trabajando en Barcelona, cuando quería ir a Huesca el fin de semana, cogía un tren nocturno en la Estación de Francia y llegaba a Tardienta allá a la una de la madrugada. Mi tío me esperaba y acompañaba a su casa. Mi tía me tenía preparada una cena caliente. Por la mañana cogía tren a Huesca. El domingo mi viaje de vuelta con autocar. Hasta Lérida. Allí una hora de espera, y viaje con otra compañía a Barcelona.
Pasados unos años mejoraron las comunicaciones y pude hacer esos viajes desde Barcelona a Huesca y regreso con la misma compañía, sin tener tantos transbordos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario