viernes, 16 de enero de 2026

Novelarse 42

 El tren.

En mi vida el tren está presente desde que puedo recordar.

Mamá era de Tardienta. Parte de la familia de allí estaba relacionada con ese medio. Dos hermanos, el cuñado y un primo eran ferroviarios.

De niña, muchos parientes de su pueblo pasaban por casa. Casi a diario. No había teléfono, pero llegaban noticias frescas.

Tenían, entonces, muy buena comunicación. Posteriormente se redujo tanto, que una vez tuvimos que ir con coche de línea, autocar, y volver en taxi, para hacer una visita en él día, mamá y yo.

Siendo niña, la abuela se dejaba caer unos días. Hacía la ronda para pasarlo con unos y otros.

Estábamos en Huesca. Los otros en Grañén, Lérida y Barcelona. Ella disponía de un quilométrico que recibían los familiares directos.

Mi tío de Tardienta, el marido de la hermana pequeña de mamá, iba a menudo a Zaragoza, al economato, a comprar. De allí nos traían unas latas de mermelada de melocotón, para mi hermano y para mí. Aún me gusta ese sabor.

Trabajando en Barcelona, cuando quería ir a Huesca el fin de semana, cogía un tren nocturno en la Estación de Francia y llegaba a Tardienta allá a la una de la madrugada. Mi tío me esperaba y acompañaba a su casa. Mi tía me tenía preparada una cena caliente. Por la mañana cogía tren a Huesca. El domingo mi viaje de vuelta con autocar. Hasta Lérida. Allí una hora de espera, y viaje con otra compañía a Barcelona.

Pasados unos años mejoraron las comunicaciones y pude hacer esos viajes desde Barcelona a Huesca y regreso con la misma compañía, sin tener tantos transbordos.

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