sábado, 10 de enero de 2026

Novelarse 40

 Papá perdió cuando pasó a quirófano por unos quistes y la recuperación fue un suplicio. Entró en un estado de ansiedad destructivo.

De aquella, tras las curas y la medicación del psiquiatra recuperó, aunque ya nunca fue el de antes. Le dio donde más le dolía.

Pasado un tiempo cáncer en vejiga. No supo que lo era o se lo negó a sí mismo. El tratamiento fue quimio.

Recayó, y de nuevo pasó por el proceso.

Cumplió años. Enviudó. Respondió con ansias de vida.

Los últimos meses su mente se perdía. Pude estar más por él.

Pasé toda la hospitalización de sus últimos días a su lado.

Leer me lleva a pensar en esos días.

Había cumplido mis sesenta y un año, y la mujer que lo atendía me llamó a las cuatro de la mañana. Huesca pasaba por días tórridos. En julio vivíamos los cuarenta grados.

A mi padre no había quien le quitara la manta de la cama, y no sentía sed.

Cuando fuimos con la ambulancia lo llevaron a urgencias. De allí fuimos al hospital. Estuve a su lado todo el tiempo, porque mi hermano había salido de vacaciones. Cuando él pudo volver nos organizamos. Decidí hacer las noches a su lado. Dormir en esas condiciones son pequeños traspasos.

Estaba pendiente de él. Llamaba a enfermera cuando algo iba mal.

En una hospitalización de mamá pudieron recuperarla gracias a mi vigilancia.

Las noches en los hospitales son de lamentos. Muchos ancianos llaman a sus madres. Piden socorro.

En nuestro primer momento, papá no despertaba. Lo trasladaron al hospital principal. La sala que le asignaron tenía tres camas. En esas condiciones entablas relaciones amistosas con los acompañantes habituales.

Lo peor era que estaba con gotero y no podía beber agua. Le humedecía los labios. Bajo su inconsciencia tiraba de todo y en más de una ocasión se hizo sangre. 

Evitarlo era complicado, porque sacaba más fuerza que yo.


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