martes, 13 de noviembre de 2012

Sueños


En plena campaña electoral el paisaje urbano denota las sobras de las que gozan los partidos mayoritarios, y los que tiñen de azul sus promesas incumplidas.

He pensado en el sueño de esas banderas instaladas con tuzudez en balcones y ventanas, resistiendo contra viento y marea.

Un líder mesiánico abriendo sus brazos en gesto estudiado.

¿Depositaran sus sueños en buenas manos?

¿Quién soy yo para negarlos?

No es mi independencia, porque no soy natural de aquí y me siento plenamente aragonesa, pero no puedo dar un voto a favor de quienes descuidan esta razón legítima de autodeterminación y libre albedrío.

Cuantos vinimos a Catalunya para pacer en ella no debemos negarles este sueño.

Voto útil. No dejarlo en descuido.

lunes, 12 de noviembre de 2012

sábado, 3 de noviembre de 2012

LA CULPA


LA CULPA

¿Quienes/quien son/es/somos culpables?

Una niña confiada y con ganas de celebrar con amigas y amigos, salió de su casa a disfrutar.

Esa confianza se la dimos los adultos que construimos este mundo con nuestras acciones y negaciones.

Se la dieron aquellos que prepararon su negocio de masas, sin tres dedos de frente.

Aquellos que usan la fuerza para reprimir y no para prevenir.

La culpa repartida parece menos culpa.

La víctima no tiene voz.

Confiaba en esa seguridad que todavía no cuestionaba.

Ha muerto.

Esa madrugada se vio arrollada por una avalancha humana.
En ese pasillo de terror. Estrecho y sin escape.

Aplastada, como las otras que le antecedieron.

Cuatro víctimas mortales.

Ellas perdieron la sonrisa en un rictus de dolor que les ahogó.

Siempre temí las multitudes. Un instinto ancestral me decía que no debía exponerme a lo que no tiene escapatoria.

Siempre busqué a mi alrededor los caminos para poder escapar si la aglomeración se hacía insoportable.

Hubo noches jóvenes en que me expuse a ello, y después aglomeré en mi mente esos miedos.

jueves, 1 de noviembre de 2012


Siendo niña revoloteaba entre flores de cementerio, miraba con curiosidad las tumbas, cuando íbamos al pueblo a visitar las de los abuelos.
Repartíamos flores en aquellas que no tenían quien les dejaran.
Había difuntos de todas las edades.
Parecía que nada de eso tuviera que ver con nosotras.
Se han ido descontando esos familiares que con cálido gesto nos llevaban de la mano.

No soy la niña que fui, pero ella está aquí, mirando a través de mis ojos.

Somos los muertos que velamos.
Pisamos y respiramos.
Pensamos y hablamos.

Los frutos que estos días tomamos son la antesala de un frío invierno, en que la naturaleza quiere reponerse.

Acopio de energía para caldear los músculos ante el frío.

Queremos pensar en un estado del ser tras el transito.

La identidad se perderá.
Nos encontraremos sin límites ni barreras.

Los límites de la vida los hemos tejido a conciencia. Son pilares en que atamos cuerdas que nos sostienen.

Creencias que queremos imbuir en otras mentes.