martes, 12 de junio de 2007

Este martes


Este martes era un día esperado.
Mi amiga se despedía de sus compañeros de trabajo. Se va de vacaciones y nunca más volverá a tener que seguir esas rutinas de las que se ha despedido. Una bien ganada jubilación. Ella es extraordinaria y tod@s la añorarán. Es de esas personas que llena el espacio al que entra, es un regalo del cielo.
Mis peques tenían programada una actividad en la playa.
Yo que soy muy rarita me puse en contra cuando me lo propusieron, pero como siempre no me salí con la mía y se llevo a delante conmigo o sin mi. Evidentemente no me iba a quedar fuera. Los días me han llevado a revisar mis posiciones y sólo llegué al día de hoy con esa expectativa que da aquello desconocido.
Por la mañana, de camino al trabajo, me he encontrado con una compañera de otra escuela que ya lo había experimentado y me ha puesto en antecedentes.
Hemos pasado una buena mañana. He disfrutado de las actividades y de las compañías.
Ya veis que soy de las personas que se resisten hasta que la evidencia les demuestra lo contrario. Me apunto a las que vengan.
Sigo machacada con la migraña, más suave, pero allí está. He llevado mi gorra para que me salvaguardara del sol, pero es que ayer a hoy se ha puesto el calor a morder de primera. Menos mal que corría una brisa que paliaba la temperatura.
La primera impresión sobre la arena era desagradable, pero conforme nos hemos acercado al agua y la ruta de actividades era de contacto con ella la situación se hacía más agradable.
Se han mezclado niños de diferentes escuelas y he tenido buen vínculo con los que me ha tocado tutelar. Era una ruta de ocho actividades que les ha motivado mucho.
Cuando he vuelto a la escuela estaba para tumbarme por la modorra que se me ha metido en el cuerpo, pero tenía en perspectiva una reunión de evaluación y a mi pesar he tirado para delante.
Hemos estado en esa playa que visité y fotografíe aquellos días de abril en que me dio por tomar el camino de la playa con la música del mp3 en mis orejas. Ahora escucho uno de los pupurris que pongo en mis blogs.
La música tiene esa capacidad de atemperarme.
Estoy de relajón.
He comido de picoteo. Unas cerezas gordas y sabrosas, de las de mi tierra.
No tenía ganas de quedarme a comer en la escuela.
Ayer comí con mi amiga en un restaurante próximo a casa. La armonía se impone en mi vida.
Son cuatro días y ya estamos allá.
Hacía un nuevo verano que se promete cálido, como todos los pasados y olvidados. Dicen que más.

2 comentarios:

HOMERO dijo...

No se que sensación me va a dar cuando me jubile; por amigos que tengo, muchos se siente relegados. Sus opiniones pasan a ser borradores de algo no oficial, con escasas probabilidades de ser tomadas en cuenta. Se supone que debe ser alegría por que ahora si vas a tener la oportunidad de hacer cosas que te gusten, pero igual, añoras tu rutina pasada. Ir de paseo con los niños...pufff...te comprendo...dificil dejar la rutina a la que estás acostumbrado. Ellos siempre se las ingenian para que hagas lo que ellos quieren, aunque no siempre tiene éxito. Lo que me hizo reflexionar Julián en una ocasión que chateabamos por el messenger es que la actividad de bloggear le quita tiempo a tu familia. Tiene toda la razón. Por eso te felicito que te hayas ido de paseo con tus hijos. Un beso amiga. H.

Anna dijo...

Una aclaración. No son mi hijos. Los peques son mis alumnos. La actividad se propuso al inicio de curso.