sábado, 17 de enero de 2026

Novelarse 43

 


Me duele la cabeza. 

Trasteo e intento esperar.

Hay unos microorganismos que me dan la lata.

Cinco días a antibiótico.

A ver si les para los pies.

Empecé el año no muy bien.

Confío en los anticuerpos que se van formando y me salvan.

Tenemos batallas que se libran entre nuestros tejidos, y soportamos a base de químicos que hasta hoy ofrecen farmacéuticas que se lucran y usan a su beneficio.

Si la medicina curara no habría negocio.

No nos mata, pero tampoco nos salva.

Y sus pruebas con otros virus y bacterias nos tienen bajo control.

No me vacuné. Nunca lo hice por las gripes. Contaba con medios naturales, pero esta vez se me complicó.

Ni la mascarilla me libró.

viernes, 16 de enero de 2026

Novelarse 42

 El tren.

En mi vida el tren está presente desde que puedo recordar.

Mamá era de Tardienta. Parte de la familia de allí estaba relacionada con ese medio. Dos hermanos, el cuñado y un primo eran ferroviarios.

De niña, muchos parientes de su pueblo pasaban por casa. Casi a diario. No había teléfono, pero llegaban noticias frescas.

Tenían, entonces, muy buena comunicación. Posteriormente se redujo tanto, que una vez tuvimos que ir con coche de línea, autocar, y volver en taxi, para hacer una visita en él día, mamá y yo.

Siendo niña, la abuela se dejaba caer unos días. Hacía la ronda para pasarlo con unos y otros.

Estábamos en Huesca. Los otros en Grañén, Lérida y Barcelona. Ella disponía de un quilométrico que recibían los familiares directos.

Mi tío de Tardienta, el marido de la hermana pequeña de mamá, iba a menudo a Zaragoza, al economato, a comprar. De allí nos traían unas latas de mermelada de melocotón, para mi hermano y para mí. Aún me gusta ese sabor.

Trabajando en Barcelona, cuando quería ir a Huesca el fin de semana, cogía un tren nocturno en la Estación de Francia y llegaba a Tardienta allá a la una de la madrugada. Mi tío me esperaba y acompañaba a su casa. Mi tía me tenía preparada una cena caliente. Por la mañana cogía tren a Huesca. El domingo mi viaje de vuelta con autocar. Hasta Lérida. Allí una hora de espera, y viaje con otra compañía a Barcelona.

Pasados unos años mejoraron las comunicaciones y pude hacer esos viajes desde Barcelona a Huesca y regreso con la misma compañía, sin tener tantos transbordos.

miércoles, 14 de enero de 2026

Novelarse 41

 Adolescente. Salía a caminar con los dos perros. A Dayan lo había criado. Mi hermano me lo trajo porque lo encontró abandonado. Lo alimenté a biberón. Con un botellín de cerveza y una tetina. Pero en ese momento no me tenía como madre. Tenía claro quién era en la manada. La hija. Así que su igual.

El otro era Perico. Ambos buscaban tenerme en exclusiva.

Con dieciséis nos mudamos al piso. Eso me alejó de esas dinámicas. Apenas iba por la vaquería. No estaba lejos, pero yo me centraba en otras cosas.


sábado, 10 de enero de 2026

Novelarse 40

 Papá perdió cuando pasó a quirófano por unos quistes y la recuperación fue un suplicio. Entró en un estado de ansiedad destructivo.

De aquella, tras las curas y la medicación del psiquiatra recuperó, aunque ya nunca fue el de antes. Le dio donde más le dolía.

Pasado un tiempo cáncer en vejiga. No supo que lo era o se lo negó a sí mismo. El tratamiento fue quimio.

Recayó, y de nuevo pasó por el proceso.

Cumplió años. Enviudó. Respondió con ansias de vida.

Los últimos meses su mente se perdía. Pude estar más por él.

Pasé toda la hospitalización de sus últimos días a su lado.

Leer me lleva a pensar en esos días.

Había cumplido mis sesenta y un año, y la mujer que lo atendía me llamó a las cuatro de la mañana. Huesca pasaba por días tórridos. En julio vivíamos los cuarenta grados.

A mi padre no había quien le quitara la manta de la cama, y no sentía sed.

Cuando fuimos con la ambulancia lo llevaron a urgencias. De allí fuimos al hospital. Estuve a su lado todo el tiempo, porque mi hermano había salido de vacaciones. Cuando él pudo volver nos organizamos. Decidí hacer las noches a su lado. Dormir en esas condiciones son pequeños traspasos.

Estaba pendiente de él. Llamaba a enfermera cuando algo iba mal.

En una hospitalización de mamá pudieron recuperarla gracias a mi vigilancia.

Las noches en los hospitales son de lamentos. Muchos ancianos llaman a sus madres. Piden socorro.

En nuestro primer momento, papá no despertaba. Lo trasladaron al hospital principal. La sala que le asignaron tenía tres camas. En esas condiciones entablas relaciones amistosas con los acompañantes habituales.

Lo peor era que estaba con gotero y no podía beber agua. Le humedecía los labios. Bajo su inconsciencia tiraba de todo y en más de una ocasión se hizo sangre. 

Evitarlo era complicado, porque sacaba más fuerza que yo.


Novelarse 39

 Tiempo atrás, sin estos recursos, acumulaba diarios y revistas. Recortaba páginas para seleccionar artículos que me interesaban.

Un largo pasillo y otras paredes amurallados de columnas de diarios.

Hubo una mudanza. Fueron a parar al contenedor. Ya teníamos ordenador, la computadora que centró nuestra atención, pero no internet.

En aquella mudanza las paredes apilaron cajas de libros.

Los libros que hoy tienen su lugar privilegiado allí donde habito.

Acumulé recursos informáticos que también acabaron fuera. Cintas de vídeo. Casetes.

Los vinilos siguen allí. Los CDs también. Los DVD.

Siempre acumulando.

Discos duros. Lápices de memoria. Tarjetas de memoria. Ordenadores, portátiles y tablets. Móviles.

La obsolescencia nos pisan los pies.


miércoles, 7 de enero de 2026

Novelarse 38

 


Tal día como éste, con mamá hospitalizada, Baltasar entró a saludarla y le entregó un regalo. Algo que nunca supimos para qué servía.

Ese detalle me lleva a revisar mi recuerdo.

En sus últimos días, desde urgencias el veinticinco, no tengo rastro de cómo fueron los días de su última Navidad. El dos de febrero nos dejó desolados.

Papá estuvo un tiempo disfrutando de la vida. No mucho.

Él no llegó a la de hace diez años. Nos dejó en septiembre, el día que hubiera hecho noventa y un años. También tras un tiempo de hospitalización.

Para mí ya no hay Navidad. 

domingo, 4 de enero de 2026

Novelarse 37

 


Llegué a la vida el verano del cincuenta y cuatro.

El silencio era dominante.

Había ropa tendida. (Niños que podían escuchar).

La afectividad se reprimía. Darse un beso de amor ni en el cine.

La censura estaba interiorizada.

La escuela aplicaba la regla de la letra con sangre entra.

A los mayores se les respetaba, porque sí. En principio sin tutearlos.

Finales de los sesenta la cosa fue cambiando.

Una cierta apertura.

No recuerdo cuando empecé a tutear a mis padres. Lo hice antes que mi hermano.

A nosotras no se nos dejaba vestir pantalón. Empecé a usar los elásticos azules de gimnasia.

Tenía un hermano año y medio mayor que yo. Reclamaba poder tener y hacer lo mismo. Ilusa.

Muchas veces me enfadé. No entendía diferencias.

Cuando empecé las lecturas de novelas sacadas de préstamo de la Biblioteca municipal, a partir de los catorce, empecé a plantearme que se podía vivir de otra manera, sin la represión y moral impuesta.

Creo que fue la semilla que me llevó a buscar la libertad.

Siempre digo que tuve suerte, porque el mundo empezó a cambiar y mi entorno social aflojó.

Estudiar me dio la alternativa. Trabajar la autonomía.

Desde mi presente reviso aquel tiempo.