La violencia descarnada en las novelas escritas me produce cierto desasosiego.
En la ficción fílmica me distancio más.
Es una emoción que se me atraganta.
Me pregunto si seguir leyendo o dejarlo.
Hay una realidad que supera la ficción; pero imaginarla no me trastoca tanto.
Hay novelas, como Cadáver exquisito, que no me producen ese desgarro, porque no las autentifico.
La violencia descrita e imaginada en lo real es mordaz. Me hiere.
Un disparo o una puñalada no tienen esa carga.
Los golpes y ensañamientos sobre las víctimas me hacen sentir su proximidad.
La pantalla distancia y neutraliza. La lectura interioriza.
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