Me atrae la distancia de los cuerpos. Ese tacto que se busca. Ese beso y ese abrazo. Esa fuerza que me impulsa.
Lo llamo amor, cuando el instinto manda y dirige, porque el camino a seguir muchas veces se concluye mucho antes de partir.
No hubo primer amor.
Sólo el de madre, pero para esto no cuenta.
El amor llegó, tras ensayos de acierto y error.
La mirada sabe ver antes de reconocerlo, e insinúa sin saber.
Nos tocamos en ese juego taciturno en muchos instantes, sin saber.
Llegamos a la frontera, con la duda y el impulso, pidiendo paso o entrando empujando.
Nos dejan acceder, o esquivan con más o menos delicada actitud.
Nadie cede si antes no hubo mensaje y sensación.
Hay errores. Encuentros para el olvido.
Ese es el juego. Esa es la búsqueda entre almas que en los cuerpos atrapadas tantean como ciegas a través de poros en piel.