Cierto. Me tuve que construir un territorio propio. No fue fácil.
Así empecé ayer un pensamiento sobre mi vida.
En mi nacimiento nada auguraba los pasos que daría en mi vida.
Siendo niña cumpliría las expectativas familiares y sociales.
Empecé muy pronto con ese gesto de contemplación y fantasía.
Sufrí el rechazo.
Aquel niño no tenía ningún interés hacía mí. Las niñas me descubrieron y avergonzaron.
Confiada compartí con ellas mis anhelos.
Escribieron en las paredes mi nombre añadiendo que estaba por él.
Aquel año, en primero de bachiller en el instituto, compartíamos aula con los chicos, por razones prácticas. Se estaba construyendo un nuevo instituto. El curso siguiente nos separarían. El nuevo sería para ellos.
La niña que instigó en mi contra, avergonzándome frente a quienes llevaban la academia a la que íbamos no siguió estudiando. Eso me liberó. Éramos vecinas. Mirando a ese episodio de mi vida, reconozco el daño que me hizo en ese tiempo.
Cuando tejen en tu contra aprendes más.