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viernes, 22 de abril de 2016

Imagina que



Imagina que

Hoy has salido de casa temprano y en el camino te has cruzado con él. Te ha mirado, pero no te ha saludado porque nadie os ha presentado. Has tenido ese impulso que casi te ha llevado a decirle hola, pero te has contenido y al pasar de largo te has arrepentido. Hubieras dado cualquier cosa por volver a coincidir. Vuelves para tentar tu suerte, pero no está, se fue en otra dirección. No siempre te encuentras frente a frente y en ese caso hubo una razón que debiste obviar. Si tienes otra oportunidad buscarás la manera de poderle hablar.

Que mañana volverás a salir a la misma hora y pasarás por los mismos pasos para buscar una segunda oportunidad.

-Ella me ha mirado y me hubiera gustado decirle que sus ojos reflejan el cielo de su alma.
-Parece que quería hablarme y yo torpe no le he dado facilidades.
-Mañana volveré a pasar por el mismo lugar y a la misma hora para ver si puedo coincidir con ella.
-Lo he de lograr.
-Es ella y no puedo descuidarme.

Suena el despertador y lo apagas de un manotazo. No es hora y te das la vuelta. Lo tienes programado para que suene dentro de media hora. Suena de nuevo, ahora sí que pones los pies en el suelo. De pronto recuerdas que ayer saliste antes y por eso te encontraste con ella. Te precipitas para ganar tiempo. Apenas unos minutos y ya estás en la calle, sales corriendo, te cruzas con alguien que cae y tú casi. Es ella. Te mira con sorpresa y te dice: -¡Hola! No caes en la cuenta, no la reconoces, buscas ese reflejo en los ojos, ese atisbo de infinito que ayer se cruzó en tu camino. Titubeas y respondes: -Lo siento, ¿te has hecho daño? Ella titubea y temblando se entrega a tus brazos para que la ayudes a incorporarse del suelo. Tú la atiendes sin apercibirte de ese temblor que de su alma sale.

Tu corazón acelerado parece que te salta del pecho. Es él quien se ha cruzado contigo.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Niño

Un mundo que se dilata, cuando tu mente amplifica lo por venir.
¡En la infancia hay tanto por descubrir!
La vida ante ti.
Ni la imaginas.
Ni la sabes.
Ni la puedes construir con tus deseos o sueños.
Ella se acercará a tu lecho para darles forma en ese tiempo por venir.
Tendrás el Universo a tus pies.
En el final de tu viaje, todo aquello que esperaste se centrará en ti.
Tú eras el mundo por descubrir.

jueves, 15 de diciembre de 2011

En lo breve del vestido está el precio del servicio.

En lo breve del vestido está el precio del servicio.

Siendo niña jugaba a mamás y a casitas.
Vivió con el sueño del príncipe azul.
Un sueño que compartía con todas sus amigas.
Recordaba que los Reyes Magos de Oriente no dejaban regalos muy boyantes.
En las casas de los barrios ricos debían ser muy buenos los niños, porque allí había juguetes espléndidos.
Su príncipe tampoco sería una excepción.
Se enamoraron en el deseo de los cuerpos jóvenes y bellos.
Salía los domingos con sus amigas, en esa adolescencia precipitada a una madurez por estrenar. Iban al baile a esperar que un chico guapo y formal las sacara y ofreciera continuar.
Entre ellas, risas y buenas migas.
Todas calzaban tacones que les costaba llevar.
Antes de entrar se acicalaban para parecer mayores.
Eran unas crías.
Muy jóvenes, estrenando la mayoría de edad, ya iban emparejadas con esos chicos que por insistencia habían conseguido el sí.
Nada de estrenarse. Eso sería una afrenta.
Pobres pero honradas. Era algo que las madres sembraban en esas mentes soñadoras que de la noche a la mañana pasarían a amas de casa.
Como otras, ella había pensado que eran lo más tener su casa, pero la vida no es tan dulce.
La primera en la noche de bodas.
Él hizo lo que tocaba, ella no sintió nada.
Él satisfecho. Ella triste y sin entender lo que habían hecho.
Un rastro de sangre entre los dedos.
Se sintió sucia.
Algo no estaba bien.
Se quito ese pesar.
Era su marido.
El mundo le daba un lugar. La señora de.
Lavaría, plancharía, compraría y mantendría su casa limpia y ordenada.
Era hábil y sabía lo que se tenía que hacer.
Suerte que la familia no se inmiscuía. Él tampoco.
Le bastaba encontrar sus camisas planchadas y todo a punto.
Trabajaba en un Banco. Nada menos.
El sueldo no daba para mucho, pero era la envidia de amigos, amigas y conocidos.
Tuvieron la parejita.
Un ideal de familia.
Él seguía requiriendo su cuerpo, y parecía complacido con ese desapego emocional que ella tenía.
Todo iba a las mil maravillas.
Se juntaban las amigas, en una casa u otra a merendar, mientras los niños jugaban y hacían sus deberes juntos.
Ese puñado de amigas había sabido conservar la armonía de su juventud.
Adelgazaba. Todas la envidiaban.
Lucía cuerpo adolescente, a pesar de dos partos y unos cuantos embarazos frustrados.
Los niños se hicieron mayores. Las amigas dejaron de encontrarse.
Algunas por cansancio. Les tocaba aportar en la casa con labores domésticas.
Ella seguía sin tener que aportar. Con lo del marido sobraba.
Fue él quien empezó a darse la vuelta en la cama.
Al principio ella lo recibió como un regalo.
No tenía que disimular, ni aguantar.
Hubo noches de ausencia.
Ella no sospechaba.
Su marido había entrado en un grupo sindical y tenía que entregarse.
Y tanto que se entregaba.
Había una compañera con la que todo le cambiaba.
No se atrevía a plantearlo en casa.
Ella no se lo merecía.
La otra insistía.
Al fin se decidió y se sentó frente a ella, apagando el televisor.
-Carmen, tengo que hablarte.
-Tú dirás.
-Has sido la mujer perfecta. No te mereces un hombre como yo.
-No digas eso.
-Me he enamorado.
-¡Vale!
Así quedó la cosa.
Cuando él marchó de casa, para el trabajo, Carmen recogió en una pequeña maleta ropa escogida y se marchó.
Dejó las llaves sobre la mesita del salón y una nota.
“¡Gracias!”

¿Qué oficio podría ejercer?
Llevar una casa, era algo que dominaba.
Buscó en las páginas de diarios y revistas.
Se apuntó a la lista del paro.
Nada.
En ese ir y venir recibió ofertas que le pedían abrirse de piernas.
Lo mismo que había hecho durante esos años.
El dinero le sobraba.
Ahora compraba prendas descocadas y tentadoras.
Vivía con otras chicas que se dedicaban al viejo oficio de la carne.
Su rostro distendido denotaba tranquilidad y sosiego.
No le dolían prendas.
Su corazón tenía el amor de todos los hombres que la requerían.
Era hermosa.
No lo sabía.
Ellos se lo decían.

domingo, 7 de febrero de 2010

Me sitúo ante mis letras

Me sitúo ante mis letras.
Sé que fueron gestadas en estas mismas teclas, ante esta pantalla, pero el tiempo ha rizado los bucles que me dejan fuera.
En este entorno en que ellas quedan a campo abierto, vuelven ante mí extrañas.
Otras.
Releerlas no me dará tiempo.
La constancia de que son palomas al viento que nunca regresan me hace sentir zozobra.
Festoneé encajes de pensamientos en ellas.
Unas llegaron para satisfacerme y otras como escapada de sentimientos.
Hubo momentos en que espoleaban empujando mis deseos.
Ahora asentada miro ese tiempo en que de ellas parecía tener el alimento espiritual que añoraba.
No dedicaba mucho tiempo a otros. Tenía la premura de dejarlas discurrir.
Se imponían sobre todos mis pensamientos.
Estoy acomodada. Sentada.
Pensaba que no surtirían ellas en este día en que abrir nuevos frentes parece ser lo que se impone.
¿Por qué hago estos gestos?
Ni yo misma lo sé.
Días atrás pensé en la falta de sentido de este palpitar en lo virtual.
Eso quedó atrás.
Ahora escribo.
Lo hago para mí, pero no tardaré en dejarlo a la vista.
Es un acto compartido.
La palabra sólo vale cuando se comparte.
El pensamiento enredado busca paso en ella.
Otro de mis actos es buscar, entre esos colores y formas, la imagen, el enfoque, el contacto.
Los fractales acompañan mis pensamientos. Mientras navego en ellos.
En esto de los espacios virtuales, me muevo construyendo expansiva nuevos tapices para poner en ellos la réplica de mi actividad.
Compartirlos deja acceso a quien encuentra en ellos el sentido de estar y participar.
Muchos de esos sitios acaban funcionando solos.
Mi papel es de mantener, con discreción, el control.
Suelen ser lugares tranquilos en que se produce el encuentro entre letras.
Buscaba la visibilidad de nuestra presencia en este tiempo.
Un nuevo paradigma se abrió paso.
Hay ánimos escribidores que nos ponen unos ante otros.
No es que aumente mucho mi dinamismo. Más bien, abro nuevos frentes y dejo atrás los que han dejado de tener sentido. Lugares de los que me siento ausente o me percato de que hace tiempo que no me pertenecen.
Cuando uno de estos espacios nace, anima y provoca que participe.
Pasa el tiempo y mis pasos dejan de acercarme a muchos de esos lugares.
Establecer nuevos vínculos no resulta fácil.
Hay un hacer bloguero en que se suele cultivar la amistad a través de comentarios que vienen y van.
Viví en esa fiesta.
Mi tiempo no da para más.
Hoy he visto necesario seguir un nuevo impulso.
He dado en abrir con mi pseudónimo la última de mis redes.
En ella quiero ir dejando muestra de lo que vaya gestando.
Esas redes proporcionan mecanismos y recursos superiores a los de los espacios blogueros.
Tener las cosas en más de un sitio es por supervivencia.
Blogs y redes se complementan.
Antes buscaba en ellas el debate y comunicación.
Tuve mi parte.
Ahora no busco. Estoy.
Es posible que todo esto sea una dispersión de fuerzas.
No he sido capaz de quedarme quieta.
Cada cual ha de seguir su estilo.
El mío apunta al movimiento.
Lo que quiero es distraerme y sentir el gozo de participar en este tiempo de lo virtual.


Safe Creative #1002075470206

sábado, 31 de octubre de 2009

Reflexión

Hay marcas de pisadas que pretenden que en ellas dejes tu pie.
Cuando la intuición avisa de que esa fuerza de sometimiento gregario no se ajusta a tu calzado, piensas y repiensas sobre qué ha dado pie para que se adhieran a tu piel.

Responder con negación conlleva a una situación indeseada y no buscada.
El silencio quebranta por dentro.
Necesitas deshacerte del embrollo no buscado ni gestado.
El tiempo hará tabla rasa.
Entretanto has de dejar que pase de largo la ola que arrastra.
Posiblemente sea un gesto a destiempo cuando recapacites y quieras adherirte, pero en consecuencia debes seguir el instinto que te advierte de la falta de ajuste.
No es tu credo.
Es posible que ser tú pague diezmo.
Aún así has de ser consecuente y no olvidar que desoírte es el mayor mal.
¿Qué será?
¡Se sabrá!
Nada es previsible.
Subirse al tren en marcha tiene que puedes caerte y magullar.
Subir cuando pasa y deja la escalinata a tu pie, asegura el bienestar en lo común y malestar en inquietud de no ser en la mismidad.
Apostar por la identidad te deja orillado y descontado.
¡Qué más da!
En realidad, la zozobra del desajuste es mal mayor.
Ponderamos y valoramos.
Hay precios que nos van recortando un traje que mirados en el espejo nos hace extraños a nosotros mismos.
Hay vuelos de aves que surcan el cielo.
Ser Salvador Gaviota nunca fue fácil.
Tiene su precio.
Inevitablemente debe pagarse.
Largos años corroboran la búsqueda de una identidad propia.
No será ahora cuando deje de lado el criterio atesorado a lo largo de los años.
¿Quienes sois que con cantos de sirena desviáis mi paso?
Las alarmas se han puesto ante mi puerta.
No es lo que mi temperamento y tiento está dispuesto a seguir.
Es posible que sea un gesto mayoritario y me quede orillado.
Es el precio, ya lo he dicho.
Miedo a la libertad.
Ahora pasa cuenta.
Soledad de mi ritmo vital.
Esperanza de identidad.
Gregarismo que es capaz de sacar brillo u oscuridad.
Me queda desear lo mejor para ese gesto.
A él no me puedo apuntar.
Estas palabras vienen a cuento y aquí se han de quedar.
Posiblemente llegará ese día en que recuerde y podré en ellas recalcar.
No para nadie, que no es momento.
Debo verlas pasar.
Aunque, como dice mi padre, las … cuando pasan.
No me subo a ese tren.
Mi mecánica vital no me lo consiente.
Me inquieta no hacerlo, pero si lo hago sentiré que quedo en tierras movedizas y crecerá la zozobra.

Safe Creative #0910314802095

Reflexión del 15 de octubre de 2009.